La ética profesional se fundamenta en la ética personal que exige el crecimiento y el ejercicio armónico de las virtudes intelectuales y morales. El buen comunicador social y periodista, para serlo, ha de ser un hombre íntegro, que obra con rectitud y que es competente profesionalmente.
En definitiva, no es que sea muy importante, es vital nuestro papel dentro de la sociedad, los medios si tipifican patrones de conducta, a través del comunicador pueden generarse matrices de opinión que pueden ayudar o dañar a una sociedad, a un individuo e incluso a una nación, por lo tanto si es un "agente de cambio" determinante en los procesos de formación de las sociedades.
Como agente de cambio, el comunicador social debe trabajar en función de la sociedad, en el desarrollo de los grupos sociales, así como también en preocuparse por la formación de verdaderos profesionales que estén capacitados para enfrentar y enaltecer tan difícil papel social como lo es el de Comunicadores; a procurar cambios positivos, productivos, colmados de principios y valores que contribuyan en la construcción de una mejor sociedad.
El comunicador social y periodista como sujeto del conocimiento se convierte en mediador del diálogo social y promotor de la democracia. Ha de trabajar en equipo y ser solidario; con la comunicación de los hechos debe ejercer la justicia en lo que le obliga y contribuir a la paz y a la justicia social. Ha de ser artífice de la crítica constructiva.
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